MITOS URBANOS!

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MITOS URBANOS!

Mensaje  w00x1 el Sáb Ago 08, 2009 7:46 pm

LA DAMA DE LA VELA

Cuentan los habitantes de la ciudad de Corrientes que en el
edificio de la Escuela Normal “Juan Pujol”, una antigua construcción
señorial, suele verse por las noches a una bella joven, hermosamente
vestida con un largo traje de encaje blanco y una capa de pana roja,
recorriendo los pisos y escaleras de mármol con una vela encendida en
la mano. Ante las primeras luces del alba, la misteriosa criatura se
desvanece.

LA DAMA VESTIDA DE NEGRO

En San Gregorio, localidad cercana a Venado Tuerto, Provincia de
Santa Fe, sus pobladores relatan que una mañana de cerrada llovizna, un
abastecedor del frigorífico Maru de Rufino encontró en la ruta 14 a una
mujer vestida de negro que hacía el tradicional gesto de autostop. La
llevó hasta la ciudad y cuando la dama se bajó, tras agradecerle por
haberla acercado hasta escasa media cuadra de su casa, le dijo su
nombre: Nancy Núñez. Poco después, el hombre se enteró de que Nancy
Núñez había fallecido un año y medio atrás en un extraño accidente,
cuando la avioneta que piloteaba su marido había perdido una de sus
ruedas impactando en el auto que ella conducía, lo que le había causado
la muerte instantáneamente. El sorprendido abastecedor descubrió
también que el lugar en donde había parado para levantar a la mujer,
entre Cristophersen y San Gregorio, era exactamente el sitio donde
había ocurrido la tragedia que poco antes había conmocionado a la
localidad. Otros testimonios dan cuenta de la misma aparición, en la
misma ruta, a la altura del lugar del accidente.

LA DAMA VESTIDA DE BLANCO

En distintas ciudades de la Argentina circula este relato, con
algunas variantes mínimas, que tiene como protagonista a un joven que
concurre a una fiesta, baile o lugar de diversión nocturno. Allí conoce
a una bella muchacha de vestido blanco a la que invita a bailar y de la
que se enamora instantáneamente. A cierta hora de la noche se ofrece a
acompañarla hasta su casa y le presta su abrigo para protegerla del
frío. Al día siguiente, el muchacho vuelve a la casa de la joven con
intención de verla nuevamente y es atendido por los padres de ella,
quienes con sorpresa y estupor le informan que la muchacha ha muerto
uno o dos años antes. El enamorado no entra en razones, motivo por el
cual los afligidos progenitores lo llevan hasta el cementerio con el
propósito de que, al ver la tumba, el muchacho se convenza de la verdad
de sus dichos. Al llegar a la tumba, la estupefacción estalla en los
tres, al descubrir que sobre la lápida descansa el abrigo que el
muchacho le había prestado a la joven la noche anterior.


LA DAMA DEL CEMENTERIO

Un caso parecido es aquél que cuenta que un hombre quedó encerrado
en el cementerio al terminar el horario de visitas. Inquieto comenzó a
dar vueltas por el lugar en busca del sereno para que le abriera la
puerta. No lo encontró pero advirtió que frente a una tumba estaba una
mujer de pie (según las variantes del relato, puede tratarse de una
niña, una adolescente o una mujer adulta). El hombre se le acercó
entonces y le contó su situación, alegrándose de ver a alguien más por
allí. La mujer le respondió que a ella le había ocurrido lo mismo y que
no se preocupara, ya que conocía un lugar desde donde podrían salir.
Con la dama como guía, el sujeto la siguió entre las lápidas, hasta que
ella se detuvo indicándole una de las paredes perimetrales del
cementerio. Al comprobar que no había ninguna puerta, el hombre le
preguntó cómo hacer para salir por ese lugar inaccesible. –Así– le
respondió la mujer mientras atravesaba el muro.

EL PERRO EXTRAÑO

Cuentan en el barrio de La Boca, en la ciudad de Buenos Aires, que
hace muchísimos años dos ancianos encontraron un perro abandonado.
Sintieron lástima por el animalito que, pese a su aspecto extraño, los
miraba con ojos de mucha ternura. Le dieron de comer y lo asearon,
incorporándolo a la vida familiar. Cierta vez el perro presentó
síntomas de decaimiento y lo llevaron al veterinario para que lo
atendiese. El facultativo, tras revisarlo, no pudo encontrar las
palabras adecuadas para decirles a los afligidos amos que lo que habían
recogido no era un tierno ejemplar de raza canina sino una enorme rata.



ROMEO Y JULIETA CRIOLLOS

Cuenta la tradición que la aristocrática familia Anchorena vivía en
el actual Palacio San Martín con más de 150 sirvientes. Hacia 1920 sus
miembros decidieron construir la iglesia del Santísimo Sacramento como
futuro sepulcro familiar. Quiso el destino que uno de los Anchorena se
enamorara perdidamente de Corina Kavanagh, una joven de familia
adinerada, aunque no patricia. El romance no tuvo la aprobación de los
padres del muchacho y finalmente los novios tuvieron que separarse.
Corina entonces pergeñó una particular venganza, no de sangre,
pero sí estética. Ordenó levantar en San Martín y Florida un edificio
cuyo único requisito fue que le impidiera a la familia Anchorena la
vista a la iglesia mencionada desde su soberbio palacio. Aún hoy pesa
la “maldición” arquitectónica, ya que el edificio Kavanagh sigue
obstaculizando la visión del templo católico.

EL VAMPIRO DE FLORES

Tiene como protagonista a Belek, un enano que llegó a Buenos Aires
con el Circo de los Zares proveniente de la zona de los Cárpatos. Al
igual que el conde Drácula, Belek fue expulsado luego de que Boris
Loff, el dueño del circo, junto a dos testigos: la Mujer Barbuda y el
Hombre Bala, lo encontraran prendido al cuello de una mona integrante
de la troupe circense.

Pero el mito, apenas comienza aquí. El verdadero horror se desató
cuando Belek se refugió en una casa abandonada del Bajo Flores y
comenzaron a desaparecer misteriosamente todos los gatos del barrio. El
relato cuenta que los vecinos protegieron sus casas con ristras de ajo
mientras portaban crucifijos por las calles, por temor a ser atacados.
Una noche de invierno, cerca de la estación Flores, los hombres del
barrio lograron cazar al vampiro con una improvisada red, fabricada con
la malla de un arco de fútbol, pero éste se les escapó furtivamente.
Algunos aseguran que aún vive en el cementerio de Flores y sale de
tanto en tanto a producir estragos entre los desprevenidos transeúntes.


LOS MITOS DEL TRANSPORTE URBANO

Varios son los mitos que circulan en distintas ciudades del país en
torno a los medios de transporte, los que por su naturaleza móvil y por
la extensión de sus recorridos, constituyen escenarios propicios para
la construcción y circulación de relatos.

LA QUE SE MURIO DE AMOR

Este mito tiene raíces en la historia del país. Cuenta la tradición
que cuando la joven Felicitas Guerrero se casó en 1862 con Martín de
Álzaga, un hombre mayor y acaudalado, era una de las mujeres más bellas
de la sociedad porteña. Al año siguiente de la boda y tras perder a su
único hijo, Felicitas quedó viuda con apenas 26 años. A su hermosura
sumaba el hecho de ser una de las fortunas más grandes de la Ciudad de
Buenos Aires, lo que la convirtió en objeto de admiración y
requerimiento de muchos pretendientes. Entre ellos estaba el celoso
Enrique Ocampo, a quien la viuda rechazó sin miramientos. Quiso el
destino que el enamorado descubriera que la causa de tal rechazo era la
preferencia de Felicitas por el estanciero Samuel Sáenz Valiente.
Enfermo de rabia, Ocampo mató a la muchacha con un disparo en la
espalda y al instante se suicidó. Los Guerrero mandaron construir, en
homenaje a su hija, una capilla ubicada en la calle Isabel La Católica,
entre Brandsen y Pinzón. Los vecinos del lugar sostienen que cada 30 de
enero, fecha de la muerte de Felicitas, aparece su fantasma con el
torso ensangrentado, vagando errante durante toda la noche hasta el
amanecer. Es frecuente –agregan– que muchas mujeres se encomienden a
ella para encontrar un gran amor o para conservar el que ya tienen.

LA CRIATURA ACECHANTE

Cuentan los vecinos de Ciudadela, Provincia de Buenos Aires, que
cierta noche un colectivo de la –por entonces– línea 237 pasaba en su
habitual recorrido por la Avenida Alvear. Al llegar a la altura del
Cementerio Israelita, uno de los pocos pasajeros que viajaban a esas
horas, vio una nube blanca que provenía del camposanto y que se
acercaba hacia el vehículo. Cuanto más se aproximaba, se definían y
perfilaban nítidamente sus rasgos de mujer. Durante un breve lapso, la
extraña criatura acompañó el paso del transporte, flotando a la par,
hasta que finalmente se desvaneció ni bien el colectivo abandonó la
zona del cementerio.

EL ACCIDENTE DEL CHOFER

Cuenta el relato que una noche en Rosario, Provincia de Santa Fe,
frente al cementerio "El Salvador", un chofer de colectivo de la línea
114 iba conduciendo el vehículo medio dormido, luego de una jornada de
intensa labor. De pronto, una chica se le atravesó en la calle,
cruzando de manera imprudente. El hombre intentó clavar los frenos,
pero fue inútil: la muchacha fue arrollada. Asustado por lo sucedido y
presa de la desesperación, el conductor decidió huir. Luego de varios
minutos de escape a toda velocidad y sin detenerse en las paradas
establecidas, vio por el gran espejo retrovisor que la víctima estaba
sentada en el ultimo asiento del colectivo, mirándolo fijamente y
llorando.



LOS FANTASMAS DEL SUBTE

Varias historias circulan en torno a los subterráneos de la ciudad
de Buenos Aires, que tienen como escenario principal las estaciones de
la línea A, la primera de la red inaugurada en 1913, que actualmente
une Plaza de Mayo con Primera Junta.
Una de ellas cuenta que un antiguo operario de la estación Sáenz
Peña concurrió a los sanitarios en horas de servicio y encontró en
ellos a un hombre degollado sobre un charco de sangre. De inmediato el
atribulado empleado dio el alerta al personal de seguridad de la
estación, quien acudió rápidamente a inspeccionar el lugar, encontrando
el sitio en perfectas condiciones y sin ningún rastro de violencia. El
veredicto fue unánime: se trataba de una alucinación.
Al día siguiente, volvió a repetirse la situación, aunque el
protagonista fue esta vez otro empleado. Durante largo tiempo, muchos
fueron los trabajadores que afirmaban haber visto al degollado en el
baño de esa estación.

Otra historia de aparecidos tiene como escenario el tramo
comprendido entre las estaciones Alberti y Pasco, aunque su figura
central esta vez es una extraña mujer en traje de novia. Cuentan los
dichos que se trata del fantasma de una joven a la que su prometido
abandonó ante el altar, circunstancia por la cual la muchacha habría
salido intempestivamente de la iglesia y se habría arrojado a las vías
del tren. Otra versión, más romántica aún, señala que la ceremonia del
casamiento se realizó pero al tratarse de una unión concertada por los
padres de los novios, la muchacha prefirió suicidarse al salir de la
iglesia antes de contrariar su propia voluntad.

EL HOMBRE SIN OJOS!


Relatan algunos habitantes que hace tiempo solía verse a un hombre
sin párpados deambular por los vagones de la línea de ferrocarril
Mitre. Numerosos testimonios daban cuenta de que siempre subía o bajaba
del tren en la Estación Coghlan. Sobre su aspecto circulaban distintas
explicaciones. Según algunos, se trataba del alma de un muerto que se
había suicidado arrojándose a las vías. Según otros, era un hombre de
la zona que al momento de morir padecía una terrible infección ocular.
Más allá de estas discrepancias, todavía muchos vecinos del lugar
buscan en el andén los ojos del hombre sin párpados, a los que se le
atribuyen poderes mágicos.

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